Tres deseos, tres disparos
“Los peces se escurren en los bolsillos de los jugadores del casino mientras el mar se derrama en la arena, pero eso aquí no importa. Ésta es una ciudad indolente, con sus amplios parques desérticos donde jóvenes y viejos se sientan a fumar la inmortal yerba sudamericana. Aquí hay toneladas de carne disfrazada preparándose para la danza nocturna, zapatillas de cristal, grandes calabazas tiradas por caballos salvajes al son de la música de baile, mujeres de piel aceitunada contoneándose a paso de flamenco. Esta es una ciudad perdida a la que jamás regresarán los exiliados ni aquellos que alegremente cantaron al alma del mundo. Esta ciudad me produce náuseas por lo que necesito emborracharme para escupirle a esa chica el poema más hermoso de todos; el que habla de un lobo con espíritu de agosto, el que habla de sensatez, de desesperación, de rabia, de amor eterno, de coches flamantes, de tubos de escape con cáncer, de jóvenes ilustres y de idiotas. Toda esa panda de gusanos me saca de los nervios. Les arrancaría las venas con los dientes y luego se las echaría de comer a los perros que merodean el jardín de casa desde hace días. Los perros sabrán qué hacer con sus estúpidas venas infectadas de consumismo, mediocridad, televisión... Tal vez sea el momento de hacer algo así antes de perder la sensatez del todo. O tal vez debería salir a pescar truchas. O matar a aquella chica. O a esta ciudad”, pensé mientras lanzaba desde el tercer piso la botella de whisky con la intención de alcanzar al primer Ministro en la cabeza. Ya veía los titulares: “Borracho-francotirador asesina a político”. Sin embargo, cuando estaba a punto de alcanzar mi objetivo, una sombra me despistó y caí de la barandilla. De camino al suelo, observé cómo un tipo disparaba tres veces al primer Ministro y luego salía corriendo. Éste es mi último recuerdo antes de reventar contra el suelo mi asqueroso cuerpo de inmundicia, antes de que mis tripas se desparramaran como un plato de espagueti a un lado de la calzada… Y los perros no vinieron a buscarme.
1 comentario:
En mi opinión muy buena literatura J,impacta, produciéndote una sensación desgarradora e inquietante.
Antonio
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