MARI CARMEN AZKONA

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La casa de té


          Sadako se mira al espejo mientras oculta sus lágrimas con polvo de arroz. No se enfada con la Naturaleza. La tierra tiembla cada día y está acostumbrada a tolerar la incertidumbre. Abre el armario y elige el kimono más fastuoso. Prepara el té consciente de la utilidad de la invisibilidad, del silencio. Tras la puerta le espera Japón, el gran Samurai, con su código de honor y sacrificio que le hace sobreponerse al dolor.

          Sadako sonríe al mirar la cuidad tras la ventana. Hace una semana que Tokio no luce. Apagó su luz para encender el corazón del mundo.


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Patchwork



Extiendo mi piel sobre la mesa.

Costuras que rozan y ciñen la figura
hasta ahogarla

Un corte aquí, un hilván allá...
me reinvento cada día.

No encuentro el patrón exacto
que acomode la vida a mi talla.

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