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Mientras duermes
Mientras hablas
las cosas se suceden sin descanso:
se enredan las visiones del presente entre tus senos
las pastillas adecuadas para el caso, con tu boca.
Una araña descuida su tarea
y se empeña en remendar tus ojos somnolientos.
La música termina;
te abandonas en un mundo olvidado,
sin puentes levadizos
inútiles por falta de demanda.
Entonces
el día precipita tinieblas en tus ojos,
te envuelves en un manto impenetrable de distancia
dejas que el cuerpo
ya sin senos, ni boca,
ni deseo que lo haga utilizable,
se deslice hasta adquirir la posición horizontal.
Y te duermes.
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No me gusta suplicar
No me gusta
suplicar —cuando menos me lo espero—
que no te vayas,
ahora que el tiempo se termina.
Tendría que cambiar el calendario.
Descomponer el tiempo por la noche
quedándome en silencio.
No pensar
en los cajones ocupados de tu armario,
en la luz encendida de tu alcoba…
En el aire que es viento al respirar.
Dormirme en la primera luz del día,
ser poso de café que tu te bebes.
Hoy me encontré,
con el respeto hecho pedazos,
tu vivir colocado entre paréntesis.
y el cielo que revienta en un instante.
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Límites
El sueño limita al sur
por debajo
con tu continente.
Al norte ya no limita.
Allá arriba solo viven
Dios y el cielo raso:
¡ellos sabrán!.
El resto son
límites imprecisos que tú administras
según venga el calendario.
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